Poesía
Si hubiera sospechado
Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido.
Apenas se desvanece la musiquita que nos ech…
Las jaurías de la luna
Había tanta luna aquella noche, que la ciudad se había convertido en pueblo, y era penoso leer las largas casas enlunadas como…
No quiso ser
No conoció el encuentro
del hombre y la mujer.
El amoroso vello
no pudo florecer.
Detuvo sus sent…
Ausencia
Poema narrado.
Al oído del lector
No fue pasión aquello,
fue una ternura vaga
lo que inspiran los niños enfermizos,
los tiempos idos y las noches páli…
Monólogo del mal
Un día el Mal se encontró frente a frente con el Bien y estuvo a punto de tragárselo para acabar de una buena v…
Cuando dormida tú
Cuando, dormida tú, me echo en tu alma
y escucho, con mi oído
en tu pecho desnudo,
tu corazón tranqui…
Molto piú avanti ancora
El mundo miserable es un estrado
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su …
La niña de Guatemala
Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.
Er…
Dícenme Don Jerónimo
Dícenme, don Jerónimo que dices
Que me pones los cuernos con Ginesa;
Yo digo que me pones cama y mesa, …
Ándeme yo caliente y ríase la gente
Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,…
Reflejo
¿Ves bajo el líquido velo
de su linfa, cómo el lago
pinta con sumiso halago
sombras y luces del…
Para entonces
Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca sueño la agonía,
y el alma, un…
Mis ojos sin tus ojos
Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios
y son mis manos sin las tuyas, varios
intratables …
Te hablo
Estoy con pavura.
Hame sobrevenido lo que más temía.
No estoy en dificultad:
Estoy en no poder más.
N…
Miré los muros de la patria mía
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
p…
Diana y Eros
No se vio jamás, desde que los hombres tienen historia y registran por medio de aparatos precisos los fenómenos exteriores, …
Resignación
¡Sin lágrimas, sin quejas,
sin decirlas adiós, sin un sollozo!
cumplamos hasta lo último. . . la suerte
nos trajo…
Oh dulces prendas por mi mal halladas
Por ásperos caminos he llegado
a parte que de miedo no me muevo,
y si a mudarme a dar un paso pruebo,
allí p…
La cabeza
Por la noche, sonando aún en sus oídos la música del Odeón, y los parlamentos de Astol; de vuelta de las calles …