Poesía
Por no hablar claro
Pues mal hace en no decirlo
claro: dolores y penas
no se han de decir por frases.
Dolíale a un hombre una muela;
…
Hoja de otoño
Leve como una virgen de las que ilustran los márgenes de los viejos misales, pasas con la gravedad de tus treinta años, dejand…
El extranjero
"Dime, hombre enigmático, ¿a quién amas tú más? ¿A tu padre, a tu madre, a tu hermana, a tu h…
La ciudad
Un joven músico, mirando fijamente a la lejanía con sus ojos negros, decía en voz queda:
—La música que yo quisi…
Cantora nocturna
Joe, macht die Musik von damals nacht.
La que murió de su vestido azul está cantando.
Canta imbuida de muerte al sol d…
Granada, Poema Oriental
En este hermoso libro se cuenta una leyenda ... sobre un rey y los destinos que "Dios" tuvo para el, el encuentro con un án…
Espantapájaros
No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o …
Silencio
Hijo mudo de la soledad y del misterio, tú eres el esposo esperado de la noche, el amigo ansiado de los que padecen, de los que n…
Árboles hombres
Ayer tarde,
volvía yo con las nubes
que entraban bajos rosales
(grande ternura redonda)
entre los tronc…
Con la primavera
Con la primavera
Viene la canción,
La tristeza dulce
Y el galante amor.
Con la primavera
…
Amada el aura dice
Amada, el aura dice
tu pura veste blanca...
No te verán mis ojos;
¡mi corazòn te aguarda!
…
Reconciliación
¡Oh palabra, superior a todas las palabras, mágica como el firmamento!
Bello es que la guerra y todas sus carnicerías se…
Un retrato de Watteau
Estáis en los misterios de un tocador. Estáis viendo ese brazo de ninfa, esas manos diminutas que empolvan el haz de rizos …
Romance al nacimiento
Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
de su tá…
El cóndor y el poeta
Diálogo
POETA
-Escucha, amigo Cóndor, mi exorcismo;
obedece a la voz del mago Mitre,
que ha convertido…
Quién fuera tu espejo
¡Cuán feliz es el sol! En las mañanas
por verte su carrera precipita,
a tus balcones llega, y en cada al…
A una rosa
Soneto CXLVII
En que la moral censura a una rosa,
y en ella a sus semejantes
Rosa divina que en gentil cultura
…
Entréme donde no supe
Entréme donde no supe
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Yo no supe dónde entraba,
…
Ten piedad de mí
¡Señor!, si en sus miradas encendiste
este fuego inmortal que me devora,
y en su boca fragante y seductor…
El sueño del violinista
Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua para que se oyese arriba, creando los nenúfares …