Alba
No oyes ladrar los perros
—Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte.
—No …
La mujer
La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la…
La misa de las ánimas
Pues eran un padre y una madre y ambos eran muy pobres y tenían tres hijos pequeños. Pero es que, además de ser tan pob…
El entierro de las ratas
Mientras hablábamos, un hombre viejo -más viejo y más encorvado y lleno de arrugas incluso que la mujer apareció…
El sencillo Don Rafael
Sentía resbalar las horas, hueras, aéreas, deslizándose sobre el recuerdo muerto de aquel amor de antaño. Muy le…
El cuervo
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
…
Poderoso caballero es Don Dinero
La leyenda del amor
Un día, cuando el Dios de los dioses se sintió satisfecho de su obra y quiso descansar sobre su trono, asentado en la b&oacu…
El clérigo malvado
Un hombre grave que parecía inteligente, con ropa discreta y barba gris, me hizo pasar a la habitación del ático, y me …
La leyenda de Don Juan Tenorio
Corre el tiempo, crece el día,
y el palacio en honda calma,
mudo cual cuerpo sin alma,
parece tumba vacía.
Mansi&…
Finjamos que soy feliz
Finjamos que soy feliz,
triste pensamiento, un rato;
quizá prodréis persuadirme,
aunque yo sé lo cont…
El fingimiento feliz
Hay muchísimas mujeres que piensan que con tal de no llegar hasta el fin con un amante, pueden al menos permitirse, sin ofender a su …
Polaris (SP-EN)
Doña Fortuna y Don Dinero
Pues, señores, vengamos al caso: era éste que vivían enamorados doña Fortuna y don Dinero, de manera que no se …
Amor
¡Amar a una mujer, sentir su aliento,
y escuchar a su lado
lo dulce y armonioso de su acento;
tener su boca a nuestr…
Un superhombre
I
Enrique era un superhombre: todos sus amigos lo sabíamos de sobra.
Había leído a Nietzsche allá por el a&nti…
La casa encantada
Canción
Cada vez, cada vez que considero
Que no he de ver ya más al bien que adoro,
Suelo exclamar: «¿Por qué…
El elixir de larga vida
En un suntuoso palacio de Ferrara agasajaba don Juan Belvídero una noche de invierno a un príncipe de la casa de Este. En aqu…