Alba
El socio
Lo primero que escucharon al llegar a la estación fue que el bote de salvamento había regresado con el segundo de a bor…
Cartas literarias a una mujer
¿Qué es el amor?
A pesar del tiempo trascurrido, creo que debes acordarte de lo que te voy á referir. La fecha en que…
El gallo de Sócrates
Critón, después de cerrar la boca y los ojos al maestro, dejó a los demás discípulos en torno del cad&aac…
El amante liberal
(Sección 5)
Tomado, pues, entre los tres este apuntamiento, quien primero le puso en plática fue Halima, bien así com…
Llama de amor viva
Canciones del alma en la íntima comunicación de unión de amor de Dios
¡Oh, llama de amor viva, …
El tesoro perdido
El sol poniente se hundía en los picos helados de las montañas y éstos se tornaban rojos como ascuas. En las azoteas de…
Los elfos y el zapatero
Hace mucho, mucho tiempo, vivía en un país mágico un humilde zapatero, tan pobre, que llegó un día en que…
Los muchachos
-¡Volodia ha llegado! -gritó alguien en el patio.
-¡El niño Volodia ha llegado! -repitió la criada Natalia …
Parábola china
Un anciano llamado Chunglang, que quiere decir «Maese La Roca», tenía una pequeña propiedad en la montaña. …
Soledad
(Homenaje a Fray Luis de León)
Difícil delgadez:
¿Busca el mundo una blanca,
total…
Las tres preguntas
Un Coronel vivía en un pueblo y en su casa tenía un rótulo que decía: «Vivo tranquilo”. Esto era en tiempo…
El diablo en semana santa
Como un león en su jaula, bostezaba el diablo en su trono; y he observado que todas las potestades, así en la tierra como en …
La cenicienta o el zapatito de cristal
Había una vez un caballero que se casó en segundas nupcias con una mujer, lo más orgullosa y dominante que verse puede.…
El Santo Grial
Aquella madrugada, al recostarse, más cerca de las cuatro que de las tres, en el diván del Casino, Raimundo, sin saber a qu&ea…
Los ladrones arrepentidos
Había una vez un ermitaño que vivía en soledad en una ermita perdida en el monte y que se alimentaba de lo que buenamen…
Chau número tres
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza
te d…
Meter al diablo en el infierno
Alibech se hace ermitaña, y el monje Rústico la enseña a meter al diablo en el infierno, después, llevada de all…
La carta del difunto
I
Jorge y Juana se querían mucho y se querían desde muy niños. Yo no me precio de saber describir el amor, y así…
El primer beso
Más que conversar, aquellos dos susurraban: hacía poco que el romance había empezado y andaban tontos, era el amor. Am…
El monte de las ánimas
II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía u…