Alba
Maravillas de la voluntad
A las tres en punto don Pedro llegaba nuestra mesa, saludaba a cada uno de los concurrentes, pronunciaba para sí unas frases indesci…
Cartas de amor (27)
Mi Ramiro:
Ya hace mucho tiempo que dura nuestro enojo, y eso no puede ser. Tú te has encaprichado en que sea yo la primera en escrib…
La fábula de los ciegos
Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñ…
Aventura incomprensible
Todavía no hace cien años, en varios lugares de Francia perduraba aún la absurda creencia de que, entregando el alma al…
El gato con botas
Murió un molinero que tenía tres hijos, y no dejó más bienes que su molino, su borriquillo y un gato.
Se hiciero…
Man and woman
El cantero
Había una vez en el Japón un pobre hombre, simple obrero en las canteras. Su tarea era ruda, ganaba poco y no estaba content…
Amé dieciocho veces pero recuerdo solo tres
Para una vida de cuarenta años, pensándolo bien, no es mucho: no prueba ni inconstancia ni falta de seriedad amar dieciocho ve…
El conjuro
El pensador oyó sonar pausadamente, cayendo del alto reloj inglés que coronaban estatuitas de bronce, las doce de la noche del…
Un canario como regalo
El tren pasó rápidamente junto a una larga casa de piedra roja con jardín, y, en él, cuatro gruesas palmeras, a …
Más es el ruido que las nueces
Historia de un marido asesinado
El señor de la Courtinière, gentilhombre bretón, pasaba la mayor parte del tiempo cazando en sus bosques y visitando a…
El silencio de las sirenas
Dentro de tí está el secreto
Terror
Al caer la tarde, Corrales se dirigió al galpón de las
herramientas, donde estaba el catre del viejo Cetrini. La
verdad, s…
Lo que no se puede decir, no se debe decir
Hay verdades de verdades, y a imitación del diplomático de Scribe, podríamos clasificarlas con mucha razón en do…
Elegía a las musas
Esta corona, adorno de mi frente,
esta sonante lira y flautas de oro
y máscaras alegres, que algún d&i…
Elizabide el Vagabundo
Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín, Elizabide el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volv…
Yo voy soñando caminos
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas! ...
…
El puñal
En un cajón hay un puñal.
Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, qu…