Alba
El fin de algo
Antes, Horton Bay era un pueblo de madereros y leñadores. Ninguno de sus habitantes estaba libre del ruido de las grandes máqu…
La Constitución Española
Tradiciones en salsa verde
Allá, por los años de 1840, era yanacón o arrendatario de unos potreros en la chacra de Inquisidor, vecina a Lima, un …
Más allá
Yo estaba desesperada -dijo la voz-. Mis padres se oponían rotundamente a que tuviera amores con él, y habían llegado a…
El sueño
Murray tuvo un sueño.
La psicología y la ciencia vacilan cuando intentan explicarnos las aventuras de nuestro …
El infierno artificial
Las noches en que hay luna, el sepulturero avanza por entre las tumbas con paso singularmente rígido. Va desnudo hasta la cintura y l…
La inaccesible novia
No pasa una semana sin que, en Ginebra o en Lucerna o en Interlaken o en cualquier otra población suiza, un diario publique, indife…
El conductor del rápido
Desde 1905 hasta 1925 han ingresado en el Hospicio de las Mercedes 108 maquinistas atacados de alienación mental
Cierta mañana…
El Príncipe feliz
La última diosa
A Alfredo Vicenti
Las fuerzas interiores del planeta, en oculta labor, con escondidos movimientos, con solapadas turbulencias, ve…
La creación
La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando.
Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envue…
El paseo repentino
No abandones
Cuando las cosas vayan mal como a veces ocurrirá
Cuando el camino que recorres con dificultad parece todo cuesta arriba
Cuando los…
El fantasma acusador
Escuché una historia, que creo verdadera, de cierto hombre a quien llevaron a la corte de justicia bajo sospecha de asesinato, la cua…
Si mis manos pudieran
(Libro de Poemas, 1921)
Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a b…
La oración del ateo
Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consue…
Espérame
En busca de luz para mis cansados ojos, fui un verano a Deva, a tomar los baños de su agitado mar, y entre los bañistas conoc…
El árbol del orgullo
Si bajan a la Costa de Berbería, donde se estrecha la última cuña de los bosques entre el desierto y el gran mar sin ma…
No es que muera de amor, muero de tí
Más fuerte que la muerte
Todos los que conocimos en la intimidad a Luis de Guevara—el inquietante y sibilino poeta del misterio y del más allá—guardamo…